sábado, 19 de marzo de 2011


A menudo perdemos de vista que los goces más sencillos son los que en realidad nos ayudan a disfrutar del día a día. Las pequeñas alegrías cotidianas son las que nos mantienen vivos aunque pronto las olvidemos. Probablemente, si fuéramos más conscientes de los pequeños acontecimientos que nos satisfacen no estaríamos esperando la felicidad cómo si de una sombra se tratase. Viviendo de una forma optimista y con humor contribuiríamos a mantener una actitud esperanzada y alegre con nosotros mismos. El mundo es un manjar sabroso para los sentidos. Debemos aprender a saborear las pequeñas sorpresas que como el agua de lluvia aviva nuestro corazón.

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